Duros a cuatro pesetas

A pesar de que la expresión, con el paso de la peseta a mejor vida, está un poco desfasada, en España estamos asistiendo a un claro caso de venta de duros a cuatro pesetas. El ejemplo más claro lo tenemos en lo que está sucediendo en los mercados en los últimos días, especialmente en lo relacionado con compañías dedicadas a las energías renovables.

El caso más notorio ha sido el de Iberdrola, uno de los gigantes a los que nadie parecía siquiera atreverse a soplar, y que ahora se agita como una débil rama ante el vendaval de la crisis y del rescate económico de España por la UE. Sus acciones han caído en el mercado hasta precios que nos recuerdan a los del año 2004, cuando la compañía empezaba a cotizar, con lo que el descontrol parece garantizado y, mientras tanto, el Gobierno permanece impasible, incapaz de proteger al tejido industrial de renovables español, que amenaza con irse a pique de una vez por todas. Y es que aunque no se perciba el impacto real que esto puede llegar a tener, los españoles no podemos permitirnos el lujo de que una de nuestras compañías más representativas caiga, por lo que podría implicar su viaje al abismo.

Espero que el propio Estado, a pesar del fantasma del intervencionismo, tome el control de la situación y modere, porque de lo contrario me temo que en breve tendremos los pilares de la economía española en manos de unos pocos potentados foráneos.

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