Implantando el hidrógeno en la sociedad

Visto que los políticos son la clave para conseguir que un modelo automovilístico se implante en un país o no, hay y considerando los grandes fiascos que hemos vivido en España en materia de subvenciones, habría que volver la mirada sobre algunas propuestas interesantes que llegan desde otros puntos del planeta, y que pueden servir como orientación a la hora de afrontar este desafío que supone integrar los coches de hidrógeno en la sociedad.

Las opciones, la verdad, es que son muchas, y todas ellas con el éxito casi garantizado (asumiendo que a la hora de llevarlas a cabo ya tendríamos una red de hidrogeneras plentamente operativa); un buen primer paso sería hacer desaparecer de un plumazo el IVA de los coches de hidrógeno, lo que animaría significativamente las ventas ya que reduciría mucho el precio final del producto. Podría ser interesante también estudiar el abaratar el aparcamiento o el impuesto de matriculación, subvencionándolo directamente el Ejecutivo, o pactar con las compañías aseguradoras para lograr descuentos importantes para los automóviles que cumplan unas condiciones de ecología, lo que supondría otro empujón para los transportes respetuosos con el medio ambiente, que así tendrían las máximas ventajas que cabría esperar.

Y es que, como muy bien nos enseñan los países nórdicos de los que tanto aprendemos (o más bien pretendemos aprender) para otras cosas, la clave no está en dar el dinero al conductor, sino en ahorrarle gastos constantemente, que implica una línea de subvenciones más inteligentes e indirectas, que redundan en aumentar las ventas espectacularmente.

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