La hora de la verdad para la ecología

De vez en cuando tiene lugar uno de esos eventos en los que la idea principal es fomentar que la gente haga un uso más razonable de la energía y los recursos de los que disponemos; por supuesto sí, me refiero a esa hora que hace unos días se nos proponía como un momento de paz para el medio ambiente, en el que no usaríamos la luz para procurar prevenir la huella ecológica que dejamos. Sin embargo, hay otra realidad más allá de esto que tal vez deberíamos considerar, y que tiene sus consecuencias los restantes 364 días del año, en los que estas iniciativas no tienen lugar.

Me parece muy importante que a la hora de la verdad seamos consecuentes con este tipo de acciones, y tratemos de trascender los límites simbólicos pero, para ser honestos, insignificantes, de una única hora, apostando por otras alternativas que puedan hacer de la ecología algo más real, más tangible y, sobre todo, más del día a día. Hablo de apostar más y mejor por las energías renovables, optar por un vehículo ecológico a la hora de renovar nuestro automóvil, o sencillamente reducir el gasto energético que a muchos niveles llevamos a cabo en nuestros hogares.

Si de verdad queremos adquirir un compromiso con el medio ambiente, no podemos hacerlo sólo de forma eventual, sino que debemos procurar conseguir que la excepción se convierta en la regla, y no tengamos que ver anunciado en los medios que, durante una hora, la gente pretende ser ecologista, cuando hace falta un sacrificio muy superior para cambiar las cosas.

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