La solución definitiva al cambio climático

Tal y como hacía constar hoy Greenpeace, oficialmente podemos calificar la Cumbre de Durban de fracaso. Y es que se ha terminado el tiempo para pactos y acuerdos, y la clase política ha sabido imponer sus tácticas y estrategias, para conseguir que el mundo se quede estancado en el desarrollo insostenible, y las agresiones al planeta y al medio ambiente en general se sigan pudiendo llevar a cabo con total impunidad. Nada más que una miserable firma para prorrogar el Protocolo de Kioto un tiempo más, y adiós muy buenas.

Podrían haber salido grandes cosas de esta cumbre; desde la línea a seguir en materia de vehículos ecológicos como los de hidrógeno o los eléctricos, hasta propuestas para mejorar las infraestructuras de las energías renovables en todo el planeta. Podrían haberse acordado líneas de trabajo y cooperación, generado ideas para lograr la democratización de la energía, y un sinfín de cosas más que, por desgracia, ahora son sólo sueños rotos que tardarán algunos años más (quizá hasta 20, según los más pesimistas) en ser revisados. Y todo por el interés económico, que marca el ritmo de la política internacional, y que nos hunde en el abismo de la no ecología.

Con índices de emisiones de CO2 descontrolados, y países que simplemente se niegan a participar del cambio, el futuro se presenta oscuro y peligroso, dando ventaja al cambio climático y dejando el problema para los ciudadanos del futuro, que son los que pagarán las consecuencias de la barbarie actual.

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