Más allá del “concept car”

A menudo se ve a las grandes marcas del sector de la automoción ecológica hacer titánicos esfuerzos por conseguir adelantarse un poco más a sus competidores a la hora de demostrar que son ellos los que tienen la tecnología más eficiente. Por ello, en cuanto hay un Salón del Automóvil o simplemente una o dos veces al mes, siempre tenemos alguna casa que produce un nuevo prototipo de coche eléctrico, híbrido o de hidrógeno, con el que pretenden convencer al consumidor de que realmente estamos cambiando de modelo de parque automovilístico. Sin embargo, ¿qué hay de útil en esos, los llamados “concept car”, que se presentan como ideas geniales, pero con pocas vistas a ser viables?

La mayor parte de las veces tendremos que asumir que los “concept car” no pasan de ser eso, ideas brillantes pero poco o nada rentables. Sin embargo, en el otro lado de la balanza tenemos a algunos “supervivientes” a esa primera criba, como por ejemplo el Renault Twizy, un coche eléctrico que, pese a comenzar su andadura siendo un “concept car”, ha acabado por colarse en una de las fábricas de Renault en España (concretamente en la de Valladolid), y lo hace para quedarse, ya que esperan comenzar a venderlo próximamente.

¿Cuál es el camino a seguir en este tema? En mi opinión, lo mejor para el desarrollo de los coches ecológicos, lo óptimo sería que se intentase apostar por “concept car” cuyas aplicaciones y tecnologías fuesen, en la mayoría de los casos, no una mera demostración de hegemonía tecnológica, sino algo comercializable de verdad.

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