Nuevas premisas desde Tokio

El Salón del Automóvil de Tokio, uno de esos importantísimos encuentros del mundo de la automoción del que sacamos más de una clave de lo que podemos esperar del mercado de los vehículos ecológicos en el futuro, ha dado otra vuelta de tuerca a su dinámica, abriendo una nueva línea de pensamiento con respecto a los  coches que, hasta la fecha, era poco familiar para la mayoría: coches y forma de vida, unificados y aliados para un mismo objetivo.

Así, las grandes marcas como Toyota o Volkswagen nos han hablado en sendas conferencias de una sociedad que no está conforme con un modelo de vida excesivamente consumista; por ese motivo, para los inconformistas se ha desarrollado una nueva forma de entender los diseños, que pasan por hacer la vida más fácil y, de paso, procuran reducir al mínimo posible el impacto que el medio de transporte tiene sobre el entorno ambiental. ¿En qué se traduce esto? Pues en dos novedades interesantes: coches más ecológicos, que integren alternativas como el hidrógeno en su tecnología, y una configuración de automóviles común, que lleve a estandarizar algunas medidas con las que se reduciría en gran medida el plazo que necesitan los coches ecológicos para abrise paso en la sociedad.

Grandes puntos de recarga comunes, menos competitividad, mayor accesibilidad... empresas al servicio no sólo del usuario, sino también de la buena salud del planeta, que desean cambiar las cosas y ajustarse a lo que pide su nueva cartera de potenciales clientes.

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